Alan alzó una ceja, corrió su silla y se colocó de pie y fue diferentemente hacia el baño.
Gabriela suspiro profundo, agarro los documentos que tenía y los metió debajo de su vestido, bueno era eso o dejar que Alan se los arrebatara.
Alan abrió la puerta del baño, miró a todos lados y no vio nada, así que movió la puerta.
Y ahí estaba ella, tratando de ser invisible en ese mismo momento.
Alan movió la cabeza, frunció el ceño y arrugó su nariz.
—¿Se puede saber qué haces metida en mi oficina?,