En solo un segundo, el número 22 se convirtió en una maldición, al menos para Amir.
El mayor se encontraba de pie, ni siquiera supo en qué momento se había levantado, simplemente estaba allí, inmóvil, aturdido, como si acabara de ser testigo de una explosión atómica, sentía que sus pies estaban cubiertos de concreto, que su cuerpo se había congelado al completo, no solo por el frío que sentía, sino también era el hecho que no podía moverse, su respiración ingresaba en él de forma agitada y errá