Sólo un juego...
Durante un par de horas, Antonella permanece en la habitación de su madre, hasta que finalmente el cansancio emocional la obliga a dormir.
Los golpes en la puerta, la despiertan, mira su reloj, tres de la mañana. Aún con dudas se levanta de la cama y va hasta la sala, ya no escucha los golpes en la puerta, se dispone a regresar cuando vuelven a tocar. Abre la puerta y encuentra a su amigo, parado frente a ella con una expresión de derrota y tristeza en su rostro.
—¡Blas! ¿Qué te ha pasado?