Antonella abre los ojos, mira a su alrededor, incrédula aún de lo que ocurrió esa noche de Navidad. Se lleva las manos al rostro para frotarse los ojos y se encuentra con el brillo intenso de la piedra del anillo de compromiso que resplandece frente a ella. Mira su mano, la mueve y suspira.
¡SĂ! ¡Era real! Tan real como aquel intempestivo y alocado encuentro sexual en el que fue suya nuevamente.
Mueve su cabeza de lado a lado con una espléndida sonrisa en sus labios. Albert lograba desatar