Un hombre despiadado.
El CEO seguía conduciendo su auto, sus movimientos eran varoniles y precisos, su mirada verde estaba fija en la carretera, pero había escuchado perfectamente las palabras de la joven nodriza.
Por alguna razón que no se podía explicar las palabras de la castaña le calaban profundamente, su juicio lo hacía sentir como el hombre más ruin del mundo.
— Lo soy, no lo niego, soy un monstruo que no hizo nada cuando vió a su novia en el piso perdiendo a nuestro hijo.
— ¿Cómo pudo hacer algo así