Pasaron tres meses, y el brillo del oro que prometía la unión de los Vanderbilt y los Draken terminó por convertirse en puro óxido. La boda, que la prensa y la alta sociedad llamaron la "Alianza del Siglo", resultó ser apenas un abrazo desesperado entre dos náufragos que se ahogaban en medio de un mar de deudas. La realidad no tardó en golpear las pesadas puertas de roble de la mansión.
Cuando los contadores de los Draken finalmente abrieron las cajas fuertes de los Vanderbilt con la intención d