14. Rostros tras el Velo
La mañana despertó a Umbra Noctis con una calma engañosa. Las nubes colgaban densas sobre el cielo plomizo, como si algo en el aire anunciara una tormenta aún no visible. En el campus de la universidad, el murmullo constante de los estudiantes apenas disimulaba el extraño peso que parecía flotar entre los árboles.
Ailén cruzó el patio con paso tranquilo, su mochila colgada del hombro y el cabello suelto, ligeramente revuelto por el viento. Llevaba una bufanda roja que resaltaba contra su abrigo