Azura
La mañana llegó cargada de un aire distinto.
El cielo estaba cubierto por nubes grises que se arremolinaban como si presintieran lo que estaba por suceder. El anciano, el cuidador del templo, nos esperaba al borde del claro con un bastón hecho de roble negro. Sus ojos eran dos pozos sin fondo, sabios y antiguos.
—Hoy —dijo sin más— enfrentarás la prueba del legado.
—¿Qué significa eso? —preguntó Grayson, dándome la mano con fuerza.
El anciano me miró directamente.
—Significa que para desp