Azura
Sentía cada fibra de mi cuerpo arder.
Mi piel estaba empapada en sudor, mis piernas temblaban y mis brazos apenas respondían. El entrenamiento espiritual en el templo no era algo que pudiera compararse con nada que hubiese vivido. No solo me desgastaba el cuerpo, sino que drenaba mi alma.
Grayson no dijo nada cuando me vio arrastrar los pies por el pasillo, pero la preocupación en su mirada hablaba por él.
—Vamos, ven —susurró tomándome por la cintura—. Te prepararé el baño.
—Grayson, no…