Saúl
La oscuridad nos envolvía como un velo sucio y sofocante. Caminábamos en silencio, mis pasos firmes y decididos, los de Mari temblorosos y débiles, como si en cualquier momento sus piernas se doblaran por completo. La capa raída que le había puesto apenas cubría su rostro, pero era lo único que teníamos para ocultarla. No podía dejar que la reconocieran, no ahora, no cuando había visto con sus propios ojos lo que hacían con las omegas que desobedecían. Su respiración era entrecortada, su p