—¿Qué está sucediendo? —Barnaby llegó rápidamente cuando Noah lo llamó por teléfono muy asustado.
Noah, por su parte, se hallaba muy alterado. Balbuceaba palabras incoherentes e inaudibles. Un sudor helado le adornaba la frente y manos y sus ojos parecían querer salir de sus cuencas.
—Van a asesinarme, Barn—logró decir, mirando a todas partes.
—¿De qué demonios estás hablando? Cálmate y siéntate. Te traeré un agua…
—¡No! —lo detuvo del brazo con fuerza, haciendo que Barnaby frunciera el ceño— ¡