—Abuelo, si alguien te llega a escuchar, van a pensar que estás hablando en serio.
—Jamás bromearía con algo así, Barney. Yo daría la vida por cada uno de ustedes sin pensarlo dos veces—repitió—para eso es la familia, muchacho.
Tomó asiento con pereza en el sofá y recargó su bastón sobre su rodilla, escrudiñándolo hasta el alma.
Barnaby sabía que su abuelo estaba examinando su comportamiento y lenguaje corporal para encontrar incongruencias en sus palabras y mandarlo al carajo, o bien, ayudarle