Solo por fastidiarlo, lo comí demasiado rápido y fue curioso que mi cerebro resistiera la fría textura sin darme problemas. Tiré los restos del cono en la basura y seguí a Barnaby por una puerta detrás de la cafetería, por donde Adele se había inmiscuido.
Dentro, estaban los famosos casilleros, en donde ella estaba mirándose al enorme espejo que había. Llevaba puesto un bikini de dos piezas muy erótico color negro, que casi no dejaba nada a la imaginación. Barnaby elevó los ojos al techo, pero