—Tessa, Tessa, hemos llegado, despierta, querida.
Abrí los ojos de golpe y me regocijé en mi dolor cuando el recuerdo golpeó mi memoria.
—Estamos en el departamento de mi hermano, él te espera arriba—dijo. Enfoqué la mirada y escruté a mi alrededor. Estábamos afuera de un edificio de dos pisos, muy elegante, por supuesto. Pero todo era de cristal, había grandes ventanas como de dos metros en cada lado del edificio y fruncí el ceño.
—¿No vendrás conmigo? —pregunté con temor. Ella negó con la cab