Cuando me cercioré de que se había largado, dejé mi bolso en la cama y acaricié cada uno de los vestidos. Eran bellísimos y adecuados para la ocasión. El primero, como los otros tres, era largo, la parte de la espalda estaba totalmente descubierta en los costados, con unas tiras horizontales adheridas a la parte de enfrente.
El escote se abría en dos ramas para cubrir el pecho y se unía como tirantes. Definitivamente, era muy atrevido. Y no era mi estilo. El segundo, estaba repleto de pedrería