El sol despuntó temprano sobre el tranquilo pueblo costero, bañando con una luz cálida las calles empedradas y los tejados rojizos. El sonido del mar, constante y reconfortante, acompañaba la emoción que comenzaba a llenar el aire. Era el día de la boda, y Clara lo recibió con una mezcla de nervios y dicha al abrir los ojos.
Desde su ventana, pudo ver cómo los primeros rayos iluminaban el lugar donde, en unas horas, daría uno de los pasos más importantes de su vida. Su madre entró con una bande