Era la víspera de la boda, y Clara se encontraba en la habitación que había alquilado junto a sus padres. Según la tradición que habían decidido seguir, pasaría la noche separada de Lucas, algo que le parecía tanto emocionante como extraño después de años compartiendo sus días y noches con él. No poder abrazarlo justo cuando más necesitaba sentirse en calma le hacía experimentar un torbellino de emociones.
La habitación, decorada con muebles rústicos y sencillos, tenía una vista directa al mar.