Chris no se dio la vuelta de inmediato.
La puerta estaba a apenas unos centímetros de su mano.
La manija de bronce reflejaba la cálida luz de la lámpara del salón, proyectando un tenue brillo dorado sobre sus nudillos.
Detrás de él, Mia esperaba.
La casa se había vuelto extrañamente silenciosa, ese tipo de silencio que hacía que el tic-tac del reloj de pared sonara más fuerte de lo que debería.
Su voz no llevaba ninguna acusación.
Solo una pregunta que había esperado demasiado tiempo para ser f