Chris dudó. Sus dedos permanecieron sobre los de ella más tiempo del necesario. La pausa se alargó, espesa y silenciosa, de esas que vuelven el aire pesado, cargado de palabras que aún no se han dicho.
"Yo... Iris...", comenzó por fin, con la voz baja y ligeramente ronca. "Yo... te amo. Siempre te he amado."
La mano de Mia apretó suavemente la de él, curiosa y cautelosa.
"¿Siempre?", preguntó en voz baja, mientras una leve sonrisa se dibujaba en sus labios.
Chris tragó saliva. El sonido casi se