La oficina de Mia tenía esa tensión silenciosa de un lugar que espera que ocurra algo importante.
La luz de la mañana entraba por los altos ventanales detrás de su escritorio, suave y pálida sobre el suelo de madera pulida. La ciudad se extendía más allá del cristal: el tráfico deslizándose por las intersecciones, los edificios brillando tenuemente bajo el sol de media mañana, pero Mia apenas prestaba atención a nada de eso.
Su atención permanecía fija en los documentos esparcidos sobre el escr