La puerta de la oficina apenas había terminado de cerrarse cuando el silencio volvió a instalarse en la habitación.
Mia se recostó en su silla, y el cuero crujió suavemente bajo su peso. La tensión que había cargado durante la reunión con los inversionistas seguía aferrada a sus hombros, aunque la oficina se sentía más tranquila ahora. Más allá de los altos ventanales, el tráfico avanzaba constantemente por la avenida, los diminutos faros deslizándose entre los edificios como una corriente sile