Leon se acurrucó en la esquina de la pequeña cama, abrazando con fuerza el viejo dinosaurio de peluche que Sebastian le había traído tres días atrás. A pesar de los juguetes y la comida caliente, la habitación se sentía extraña, vacía y triste. No sabía dónde estaba su madre. No sabía si esto era un castigo. Lo único que sabía era que ese no era su hogar y quería volver.
Poco a poco, Leon caminó hacia la puerta. Sabía que Sebastian no la había cerrado con llave ese día. El hombre había salido t