Aurora y Leon se alejaban del parque, sus pasos avanzaban despacio por el sendero cubierto de hojas secas. Detrás de ellos, Damian permanecía inmóvil, observando la espalda de su hijo que se iba perdiendo en la distancia.
Pero no se dieron cuenta de que, desde detrás del tronco de un gran arce al otro lado del camino del parque, un par de ojos lo observaba todo con atención.
Sebastián.
Se mantenía erguido, vestido con un largo abrigo negro, su mirada fija desde el instante en que Leon abrazó a