Esa noche la ciudad brillaba con destellos, y Damian White cumplió su promesa.
Aurora estaba de pie frente al espejo, vistiendo un elegante vestido negro con un escote bajo en la espalda. Su cabello estaba recogido en un moño suelto, revelando su cuello esbelto y la marca de mordida de apareamiento que una vez había desaparecido, ahora nuevamente tallada por Damian. Observó su reflejo y luego suspiró profundamente. Detrás de ella, Valeria entró en silencio.
—Leon está listo, Luna, y ese vestido