Aurora abrió los ojos lentamente. Miró a Damian, que estaba de pie frente a ella, con el cuello de la camisa un poco arrugado y los ojos oscuros fijos en ella, sin parpadear.
—No pasa nada —dijo Aurora.
Antes de que Damian pudiera decir algo, Aurora dio un paso adelante, puso sus manos sobre el pecho de Damian y lo abrazó con fuerza. Apoyó la cabeza en el torso amplio del Alpha, dejando que su aroma masculino y penetrante la envolviera por completo.
Damian se quedó inmóvil, sorprendido por unos