Eyaculo dentro de ella con violencia, inundando su vientre con mi líquido caliente y viscoso, marcándola como mía para toda la eternidad.
Paramos exhaustos, nuestros cuerpos pegados, nuestras respiraciones jadeantes, nuestros corazones latiendo al unísono. El silencio se instala, roto solo por el sonido de nuestras respiraciones y el eco de nuestros gemidos.
Un sonido agudo e irritante intenta perforar la burbuja de placer, pero es solo un ruido lejano. Que llamen, que supliquen, nada importa