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Mientras la observo vestir sus ropas, noto el temblor en sus manos, la vergüenza que intenta esconder. Irresistible. Su vulnerabilidad me excita, la certeza de que la domino por completo. Tan mía...
Hago lo mismo, visto mis ropas con movimientos rápidos, eficientes. Ansioso por salir de allí, por llevarla conmigo, por encerrarla en mi mundo particular. Si ella quiere o no, es irrelevante. La posesión no pide permiso. La decisión ya está tomada.
Y entonces, la transformación se completa.