—¡Vamos a bailar! —la firmeza en mi voz la sorprende, y veo un brillo de incomodidad en sus ojos.
La copa fría encuentra mis labios, un preludio suave para la noche que se anuncia. Solo un sorbo, por ahora. Agarrando su mano, sintiendo la electricidad recorrer mi cuerpo, y la arrastro a la pista de baile. Cojo su mano y la arrastro a la pista de baile, decidida a demostrar a todos. A partir de ahora, soy una mujer nueva, fuerte, independiente y dispuesta a disfrutar cada segundo de la vida.