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Después de saludar a Larissa y llenarla de votos de felicidad, nos unimos a los demás invitados en el salón de fiestas. La atmósfera es de pura alegría: música animada, luces de colores parpadeando, gente bailando y riendo... Una energía contagiosa que me hace olvidar, por unos instantes, la sombra del pasado.
El salón está hermosamente decorado, con mesas llenas de flores, velas y dulces finos. El buffet es abundante y variado, con opciones para todos los gustos: salados, canapés, pastas