El cansancio desapareció al instante, sustituido por una descarga de adrenalina pura.
—¡¿Qué ha pasado?! —pregunté mientras volábamos por las escaleras hacia el quirófano.
—¡La Dra. Magna cogió la guardia de maternidad! La paciente ingresó con desproporción cefalopélvica clara, pero Magna lleva tres horas forzando un parto normal!
—¡¿Esa loca se ha vuelto loca?! —bramé.
Entré en la sala de higienización como un huracán. Me lavé las manos con clorhexidina a velocidad récord, enjuagué, me puse l