—¡¿Cuál es el cuadro?! —Renato se acercó, revisando las pupilas del bebé y auscultando el tórax miniaturizado.
—¡Fallo respiratorio severo al nacer, cianosis central profunda! ¡No reacciona al O2!
—El bebé no tiene signos de trauma, el tubo está limpio, sin secreciones. No parece neumotórax ni aspiración de meconio —analizó Renato rápidamente, con la voz tensa.
El tiempo parecía pasar a velocidad cuádruple. Mis manos continuaban el ritmo de las compresiones, mientras mi cerebro rastreaba desesp