Thomas sintió esas palabras hundirse en su pecho como un disparo silencioso. Un segundo bastó para que todo lo que creía tener bajo control comenzara a desmoronarse, lentamente, como una estructura que hubiera resistido su propio peso durante demasiado tiempo.
Al principio no la miró. Mantuvo la mirada fija en el suelo, en un punto invisible, como si ignorarla bastara para evitar que reaccionara. Pero el calor que le subía por el cuello, su pulso acelerado, su respiración agitada... gritaban l