La habitación estaba envuelta en un silencio apacible, apenas interrumpido por el canto lejano de algún pájaro y el sonido suave del esmalte al ser agitado. La luz de la tarde entraba sesgada por las cortinas, y sobre la alfombra tejida, Anfisa tenía las piernas cruzadas con delicadeza, los pies descansando sobre una almohadilla que Thomas había colocado ahí sin decir nada.
El vestido que llevaba ese día tenía algo distinto. No era provocador. Tampoco especialmente lujoso. Era sencillo, con tir