Thomas la miró en silencio, fijamente. Sin apartar la vista de sus ojos que, a pesar de lo que intentaba ocultar, revelaban un anhelo evidente. Era el mismo deseo que él sentía, pero había algo en ella que lo hacía aún más intenso.
La calma de la noche se había desvanecido, reemplazada por la creciente tensión entre los dos. Anfisa no lo apartaba de sí, y eso le hizo entender algo que no había querido aceptar hasta ahora: Ella estaba lista, y lo que más le aterraba de la idea de tomarla, era