Thomas no dijo nada al principio. Cerró la puerta del estudio tras ella, el chasquido resonó como una sentencia. Anfisa se quedó cerca de la entrada, sin saber si avanzar o no. Él estaba de espaldas, con las manos apoyadas en el escritorio, la cabeza agachada como si contuviera una tormenta bajo la piel.
Ella se humedeció los labios, incómoda. "¿Thomas…?"
Él se giró. Su mirada era de acero, tan afilada que dolía. Caminó hacia ella, despacio. Anfisa no retrocedió, pero sintió el latido en su