La oscuridad de la noche persistía en la habitación cerrada, y Lexi, atrapada en la pesadilla de su propia mente, despertó sobresaltada. El sudor perlaba su frente mientras intentaba recuperar el aliento. La pesadilla, aunque difusa, había dejado un rastro de angustia en su corazón.
En la penumbra, los recuerdos de la pelea con Eromaug resurgieron con fuerza, pero esta vez eran más intensos, más oscuros. Cada palabra pronunciada en el fragor del conflicto resonaba en su mente como un eco sinies