El mensajero finalmente alza la mirada, sus ojos llenos de angustia y miedo. Tragó saliva de nuevo y balbucea: 'Yo... yo solo... fui contratado. No sé quién me contrató. Prometieron recompensarme y así podría sacar a mi familia de la pobreza, ellos prometieron...' Su voz tiembla mientras las palabras fluyen de su boca, confesando lo que sabe bajo la intensidad del escrutinio de Amaris.
Amaris frunce el ceño, desconfiando de la respuesta.
'No me importa quién te prometió recompensas', dice con f