Sin más que hacer, Amaris decidió irse a su despacho, sabía que el mensajero no mentía.
No había manera de que supiera los nombres de sus enemigos principales, estos no habían sido revelados y como Amanda había sido reina consorte, no era una información fácil de conseguir.
Amaris caminaba por los largos pasillos con la mirada conectada en nada en específico, solo no quería perder ideas, que cuando llegó a su despacho vacío en un papel antes de que se le olvidará.
Llegó a su escritorio, tomo el