Después de que Amaris finalmente lograra liberarse de aquel intenso dolor que desgarraba su alma, Coral, con una expresión seria y preocupada, se acercó a ella para entregarle la información que hacía temblar sus cimientos.
La impactante noticia de que el mensajero responsable de llevar la macabra ofrenda, la cabeza de su padre y el antiguo rey, había sido capturado y ahora permanecía confinado en los lúgubres calabozos del castillo, aguardando el implacable interrogatorio que lo esperaba.
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