—¡Vayan tras ellos! —ordena Simon apuntando en la dirección en la que se fueron los lobos.
—¡Maldita sea! No pueden hacer nada bien, no sé para qué me alié con inútiles como ustedes —reniega Ryko mirando con desprecio a Simon.
Al viejo no le gustan muchas cosas, en especial la insolencia de personas menores a él. Camina con decisión y lo toma de la camisa, empujándolo hasta topar con una roca grande que está ahí.
—Escúchame bien muchachito, me tienes harto de tu falta de respeto, de ahora en má