Enzo y yo nos demoramos un poco más de lo previsto en bajar a la cocina. Para cuando lo hacemos, ya Alarick nos da una mirada de pocos amigos, y yo no sé dónde meter la cabeza de la vergüenza, ya es bastante malo tener que vivir en una casa donde todos se enteran cuando hago el amor con Enzo, pero sus miradas de complicidad y ligera burla me ponen todavía más incómoda.
—Muy bien, aquí estamos —dice el Alfa como si nada.
—Un poco tarde, ¿no lo crees?
—Es la hora correcta, ¿tienes algún problema