Aquello era una brutal tortura. No había otra forma de describirlo. Claro, ella no sabía que tenía a su pareja queriéndosela comer las 24 horas del día, y por eso se paseaba desnuda constantemente delante de él. Si ella supiera la realidad de seguro se encerraría en el baño porque él la haría gritar debajo de él.
La erección que aguantaba en su mano era sumamente dolorosa. Sus dedos se movían de arriba abajo por todo su miembro haciendo énfasis en su glande. El agua la había cambiado por calien