Nadie se movió en el interior de la estancia, al menos no los humanos. Lord por su parte se acercaba a los dos que estaban sentados como un depredador y les gruñía de forma baja pero amenazante. Selena sabía que no debía acercarse en ese momento, algo la mantenía firme en su lugar y no sabía que era. Solo cuando el lobo se subió en la butaca de dos plazas frente a ellos y se dejó caer causando que esta crujiera bajo su pecho, la humana pudo respirar. Al menos no correría la sangre.
Ahora venía