La navegación hacia el corazón del océano occidental se adentró rápidamente en una región donde los mapas tradicionales dejaban de tener validez y los puntos cardinales parecían perder su brújula natural. A medida que la imponente flota estelar de la manada Luna Negra avanzaba mar adentro, el cielo estrellado que había iluminado la partida fue tragado por una densa y perpetua capa de bruma grisácea. El viento cesó por completo, dejando un silencio sepulcral que solo era interrumpido por el rítm