El comando de Elena resonó como un trueno sobre la cubierta de El Alba Eterna. Al instante, la tripulación de la manada Luna Negra se movilizó con una disciplina férrea y milimétrica. En las entrañas de los veinte navíos estelares, los ingenieros mágicos accionaron las palancas maestras, liberando el flujo acumulado de energía estelar hacia las baterías de cañones principales apostados en las proas.
—¡Alineación de torretas completada al cien por ciento! —gritó el oficial de artillería desde l