El haz combinado de luz estelar y furia licántropa estalló con la potencia de una supernova en el corazón mismo de la ciudad sumergida. El impacto directo contra el cetro de hueso de Thalor desató un destello tan cegador que por un instante la negrura perpetua del abismo pareció disolverse por completo, revelando la inmensidad real de las ruinas submarinas.
El rey del abismo emitió un alarido gutural y ensordecedor cuando la energía pura comenzó a fracturar su armadura de escamas de obsidiana.