El mediodía llegó acompañado de un sol radiante que contrastaba ferozmente con la densa atmósfera de tensión que se respiraba en las altas esferas del castillo imperial. En la gran sala del consejo, las pesadas cortinas de terciopelo granate se encontraban parcialmente cerradas, permitiendo que finos haces de luz cruzaran el espacio y se posaran sobre la pulida superficie de la mesa de caoba.
Los ministros, consejeros y jefes de divisiones militares comenzaron a ocupar sus respectivos asientos