El tiempo en el Imperio de la Luna de Sangre fluyó con la quietud y la firmeza de los ríos ancestrales. Las cicatrices que dejó el ataque de Kaelen en las murallas del sector norte fueron restauradas rápidamente, convertidas ahora en un recordatorio pétreo de que la paz nunca es un regalo gratuito, sino una conquista sostenida por la vigilancia y el honor.
En las mazmorras subterráneas, la justicia imperial siguió su curso implacable. Tras un juicio sumario presidido por el consejo de ancianos