La noche cayó con una rapidez inusual sobre la capital del Imperio de la Luna de Sangre, envolviendo los altísimos torreones de piedra tallada y las murallas fortificadas en una penumbra fría y silenciosa. En las dependencias privadas asignadas a los altos consejeros, ubicadas estratégicamente en el ala este del palacio imperial, una pequeña lámpara de aceite proyectaba sombras danzantes y temblorosas contra las frías paredes de piedra de la habitación de Vane.
El consejero caminaba de un lado