Los días posteriores transcurrieron con una lentitud exasperante para los conspiradores, pero con una precisión implacable y meticulosa para los soberanos del Imperio de la Luna de Sangre. Durante toda la semana previa a la llegada de la esperada luna nueva, Vane mantuvo su fachada habitual en el consejo con una maestría cínica, sin sospechar ni por un solo segundo que cada uno de sus movimientos, sus miradas furtivas hacia los pasillos laterales y sus breves encuentros clandestinos estaban sie